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¿CUÁNDO SE CREO LA PARROQUIA DE QUILLABAMBA?
VILCABAMBA Y QUILLABAMBA ¿DESDE CUÁNDO SON PARROQUIAS?
P. Alfredo Encinas, o.p.
VILCABAM BA
Vilcabamba ha gozado del estatus de parroquia desde la creación de la Gobernación de Vilcabamba en 1572 hasta nuestros días.
Hasta el año 1681, en que Vilcabamba perdió su categoría de Corregimiento, es evidente que mantuvo también su estatus eclesiástico de parroquia. ¿Qué pasó a partir de esa fecha? ¿Siguió manteniendo su estatus a pesar de su evidente decadencia?
A los pocos años, 1689, Diego Ibarra, en su informe al obispo Mollinedo del Cuzco lo presenta como el cura de la Doctrina de Vilcabamba, lo que indica que seguía manteniendo su categoría de parroquia.
En octubre de 1785 el licenciado Juan Aguilar cura propio y vicario de la doctrina de vilcabamba Se dirige al Vicario General de la diócesis del Cuzco solicitando abrir una iglesia en un paraje llamado Ucsacancha a 8 leguas de Vilcabamba en el que se ha formado una hacienda cocal y cuyos vecinos desean tener misa y doctrina. La iglesia se abrirá bajo el título de San Pedro y San Pablo y bajo 3l patrocinio de la Virgen del Carmen. (Documento en archivo arzobispal del Cuzco, Caja XLV paquete 2. Exp. 58 pgs 4)
A finales le siglo XVIII, 1790, Pablo José Oricaín en su “Descripción Geográfica del partido de Urubamba y Vilcabamba” (“De Vilcabamba a Camisea” pp. 145-147. Manuel J. Aparicio), después de informar que en esta región existen seis curatos, equivalente a parroquia, cinco muy llanos y uno muy fragoso el de Vilcabamba, describe éste en forma pormenorizada.
En el siglo XIX Vilcabamba siguió gozando del estatus de parroquia como lo atestiguan los libros parroquiales que todavía se conservan. Pues aunque son numerosos los sacerdotes que ejercen como interinos, algunos lo hacen como párrocos.
En el siglo XX tenemos el testimonio del Obispo de Cuzco José Gregorio Castro quien en su visita pastoral de La Convención en el año 1917 escribe en el libro 04 de bautismos de Vilcabamba: En esta Santa Visita Pastoral que venimos practicando en esta parroquia de Vilcabamba, hemos encontrado en este pueblo de Pucyura…
Todos estos documentos dejan bastante claro que Vilcabamba siempre gozó del estatus eclesiástico de parroquia de la diócesis del Cuzco.
QUILLLABAMBA
Quillabamba (Santa Ana) comenzó a tener estatus de parroquia a partir de la creación de la provincia de La Convención en el año 1857.
Hasta el año 1572 la única región de la provincia de La Convención que estuvo incorporada a la Colonia española fue el valle de Amaibamba. Este valle, desde el punto de vista eclesiástico fue incorporado a la parroquia de Ollaitambo. Así consta que en el año 1572 el Virrey Toledo envía al párroco de Ollantaitambo-Amaibamba, Diego López de Ayala, a verificar la muerte de Atilano de Anaya.
Hasta finales del siglo XVI y primeros del XVII la zona de Quillabamba (Santa Ana) no es incorporada al área de las haciendas y por lo mismo a la atención religiosa.
En el año 1689 el sacerdote Matheo Ramírez, encargado de la atención religiosa de la región Quillabamba-Amaibamba, escribe en su informe al obispo Mollinedo del Cuzco: Este beneficio sólo se compone de ingenios de caña de labrar azúcar, que son once. El texto deja bastante clara la categoría eclesiástica a la que está destinado el sacerdote: un beneficio, no un curato.
Esta situación queda definitivamente aclarada en la “Descripción Geográfica del Partido de Urubamba y Vilcabamba” de Pablo José Oricaín. Éste, en el año 1790, informa que la región del Partido de Urubamba-Vilcabamba existen seis curatos, cinco muy llanos y uno, el de Vilcabamba, muy fragoso. Después de describir los curatos continúa:
Además de estos seis curatos hubo dos beneficios, o Curatos de Valles, que no eran de Presentación Real, ni lograban sínodo: en el día de hoy sigue uno, con residencia en el cañaveral quantioso de Santa Ana, el que administra ocho o diez leguas por esta parte occidental del río, y pasa en balsas a la oriental, en las que hay varias haciendas de caña y coca, que de dicho puesto de las balsas para el Norte, están hasta ocho leguas, y para el Sur hasta veinte, por donde confina con el Curato de Tambo; y desde este rumbo hasta el Norte, está circundado de chunchos, los que no son muy atrevidos, y caribes, como en las otras cejas: tienen algún comercio con nosotros, y nos tratan de amigos. Estos sacerdotes beneficiados, se ordenan a título de Curas de Valles, y sirven en él hasta tiempo determinado, pasado el que, lo releva otro: para su mantención le señalan los hacendados cierta cantidad, y por lo derechos ovencionales, y pie de Altar, sólo se satisfacen en los efectos nativos porque no corre moneda, como en la mayor parte de Vilcabamba. (Manuel Aparicio p. 147)
El texto deja suficientemente claro que hasta finales del siglo XVIII Quillabamba y toda la zona de las haciendas convencíanas seguían siendo beneficios no curatos o parroquias.
El 3 de diciembre de 1822 el sacerdote Juan Anguiosa se dirige al obispo del Cuzco como “cura capellán de la parcialidad de Santa Ana en el valle de este nombre correspondiente al partido de Urubamba para solicitar “que me saque de este lugar cuyo temperamento me ha arruinado la salud por estar en él ya seis años consecutivos…Desde que tomé la colación de este beneficio” (Documento en archivo del arzobispado del Cuzco, Caja LVII, paquete 1. Exp.12, pags 4)
Este documento deja totalmente claro que Santa Ana era atendido hasta 1826, año hasta el que sigue el trámite el sacerdote Juan Angulosa, por un cura capellán, un beneficiado, sin categoría de párroco. Esta era la norma hasta entonces de todas las haciendas convencíanas como lo pone de manifiesto el expediente promovido por Dña María Diaz quien en 1812 se dirige al obispado del Cuzco solicitando un cura capellán para su hacienda de Guayopata, “por encontrarse ésta a ocho leguas de la capital donde reside un cura capellán, el presbítero Francisco Zúñiga…Por estar por medio un río caudaloso pide un nuevo cura capellán distinto del de Santa Ana para que no interviniendo en cosa alguna ese, sino el nuevo nombrado y aprobado por su excelencia” (Archivo del Arzobispado del Cuzco, Caja LX, paquete 2)
Si en el año 1826 Santa Ana, Quillabamba, seguía siendo un beneficio atendido por un capellán, nada hace pensar que desde esa fecha hasta 1857 cambiara la situación. Debió ser el hecho de la creación de La Convención como provincia y la designación de la villa de Santa Ana como su capital lo que impulsó al arzobispado a constituir a Santa Ana como parroquia y enviar, en 1862, al sacerdote Bernabé Chirinos como su primer párroco.
El libro 01 de bautismos de la parroquia de Quillabamba se abre con esta inscripción:
Libro donde se asientan las partidas de bautismos, en esta Villa de Santa Ana, desde el veintiséis de mayo de 1862 en que entré de cura propio yo el suscrito Manuel Bernabé Chirinos.
La apertura del libro, la denominación de “cura propio” y el término Villa recientemente utilizado para referirse a Santa Ana en la creación de la provincia, hacen sospechar que el beneficio de Santa Ana fue elevado a parroquia con ocasión de haberse creado la provincia de La Convención con su capital en la Villa de Santa Ana.
El día 28 de ese mismo mes Manuel Bernabé Chirinos firma su primera partida que corresponde a Manuel Baca Mendoza hijo de los españoles Agustín y Juana.
El día primero de noviembre de ese año Manuel Bernabé Chirinos comienza a firmar como “Cura Propio de la Doctrina, Juez de Paz Eclesiástico y Vicario Foráneo de la provincia de La Convención”, en la Villa de Santa Ana provincia de La Convención.
Es, a este respecto, muy significativo que el 23 de agosto de 1866 el obispo de Cuzco, Julián Ochoa, dirija al sacerdote Bernabé Chirinos, como Vicario Foráneo de La Convención, una circular con motivo de las elecciones de representantes a un Congreso Constituyente y a Presidente de la República, y le encargue comunicar dicha circular a los sacerdotes: Mauricio Salas de Vilcabamba, Domingo Navarro de Huayopata, José Benito Salazar de Maranura y a Facundo Navarro de Echarati.(Documento en Archivo del arzobispado del Cuzco, Caja 21, paquete 2. Exp.31, pags. 9). El documento no sólo establece que el sacerdote de Santa Ana es párroco, sino que, además ejerce como Vicario del obispo para toda La Convención, incluso por encima de la tradicional parroquia de Vilcabamba.
El 9 de noviembre de 1865 el sacerdote Julián Mendoza firma “Yo, el Párroco”. Y lo seguirá haciendo como Párroco de la Doctrina hasta el 17 de julio de 1879. En 1880 firma las partidas el sacerdote Pedro Megía como cura interino de Huayopata y Huiro y de esta provincia. En 1886 firma Santiago Arteta como párroco. Y así se van sucediendo durante muchos años encargados, interinos y párrocos.
Por lo dicho y por el seguimiento que se puede hacer en los libros: nunca existieron como tales las parroquias de Huiro, Huadquina, Echarati, Chaco… Estas fueron vice-parroquias o semi-parroquias dependientes de las parroquias de Quillabamba o de Vilcabamba. La confirmación de eso la tenemos en que el obispo del Cuzco José Gregorio Castro en su visita pastoral de 1917 trata a Maranura y a Huadquiña de vice-parroquias y a Vilcabamba y Quillabamba (Santa Ana) de parroquias, al resto de las vice-parroquias parece que ni siquiera las visitó.
La parroquia de Quillabamba y la de Vilcabamba fueron encomendadas a los dominicos en forma definitiva en 1919 por el obispo de Cuzco Mns. Pedro Pascual Farfán. Con anterioridad, en los primeros años del siglo XX algunos dominicos peruanos y el P. Elicerio Martínez fueron nombrados por algunos años como párrocos de algún sector o parroquias de la provincia.
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